El pasado 24 de febrero, Jaime Lamo de Espinosa, catedrático emérito de Economía, ingeniero agrónomo y ex ministro de Agricultura pronunció en el Colegio Notarial de Cataluña la conferencia ”Joaquín Costa: Jurista, Agrarista y Regeneracionista”.
En un acto presidido por Joan Carles Ollé, decano del Colegio, en su introducción Ollé quiso destacar que Costa “fue una figura jurídica e intelectual de primer orden, quién planteó un profundo regeneracionismo en el sentido más amplio, y un notario con ideas muy vigentes aún”. Y manifestó ser considerado “un avanzado a su época” dado que, ya en la época de debate de la Ley del Notariado, aprobada en el año 1862, “reivindicó la función pública del notario, propuesta absolutamente vigente hoy día en que, más que nunca, la figura del notario se centra en el servicio al ciudadano y éste constituye el centro neurálgico de la profesión”.
El conferenciante destacó el amplio abanico de ámbitos en que Costa destacó, entre ellos “como universitario, historiador, jurista, notario, abogado del Estado, polígrafo, articulista, ensayista, conferenciante, orador, profesor de instituto de libre enseñanza, aragonés y patriota”. A pesar de que muchos han intentado apropiarse ideológicamente de su pensamiento y de su persona aseguró que “era un español de todos, desgarrado por la crisis que le impulsa a defender la regeneración y apostar para hacer una España nueva y, sobre todo, europea”. En los treinta años reales de producción de obra, comprendidos entre el final de la 1a República y la llegada de Alfonso XII, destaca su extensa obra, siendo la más crítica “Oligarquía y Caciquismo”, que constituye una denuncia enorme del sistema político canovista de la restauración.
Como Jurista, Lamo de Espinosa destacó “ser un jurista colosal, siendo su carrera y su oficio”, actuando primero como profesor y letrado, e ingresando posteriormente en el cuerpo notarial en el año 1888 como notario en Jaén, obteniendo el número 1 de la promoción. Sólo ingresar el ponente quiso exponer que “ya escribe sobre la necesidad de la reorganización del notariado, del registro y de la Administración de Justicia, hecho que muestra su fuerte personalidad”.
Posteriormente, comienza a destacar como político – a pesar de que no legisló nunca – y agrarista. En este sentido, vivió la crisis de finales del siglo XIX, a la que define como “fundamentalmente agraria y sólo evitable bajo el punto de vista agrario”, afirmando que “la salvación pasa para convertir las tierras en tierras de regadío”. El tema hidráulico es su gran obsesión, siendo su obra de referencia “Política Hidráulica” (1880). En este sentido, siempre defendió “una España de frutales, viñas y olivos” y el librecambismo y la teoría del libre arancel.
En lo que concierne a su vertiente regeneracionista, que el conferenciante ubicó sobre todo en el periodo 1868-1874, en un momento de profunda crisis económica, Joaquín Costa reclama “disminuir la deuda y clama contra el gasto público”. Habla de la crisis constitucional dentro de la crisis de la nación y plantea cambios radicales en la aplicación de recursos – dedicando más dinero a educación e investigación, “como factor imprescindible para rehacer al español en un molde europeo”, aumentar la productividad, mejorar las infraestructuras, favorecer el crédito, cambiar la legislación social, sanear y europeizar la moneda y cambiar la educación nacional “de manera que se recupere la confianza europea en España”, un poder judicial digno, más poder local, renovar el liberalismo abstracto y realista por neoliberalismo orgánico, y sustantivo, y construir lo que llama como la “Unión Ibérica”.
Lamo de Espinosa cerró su intervención afirmando que, como él mismo se definía, “Joaquín Costa era uno “labrego aragonés forrado de intelectual y representó la lucha por la tradición desde la tradición misma, además de llenar la España del momento de ideas para transformarla. En definitiva, fue un excepcional notario y abogado del Estado, singular agrarista, gran definidor de la política agraria y el mejor de nuestros regeneracionistas”.
